Nos preocupamos por un estúpido examen. Nos preocupamos por sentirnos ignorados, o por recibir un no por respuesta. Pero a veces, ocurren cosas que al causar un profundo dolor, nos hacen ver la cruda realidad, y nos damos cuenta de que no merece la pena sufrir por tonterías. Que mirar hacia detrás no nos va a solucionar nada, y ese camino de rosas que nos empeñamos en ver con muchas espinas, puede ser mucho más fácil de cruzar de lo que creemos. Si hemos venido hasta aquí, supongo que la meta será la felicidad. ¿Quién puede tener como meta el sufrimiento? No dejes que nada, interfiera en tu mundo feliz. No te lo mereces.
lunes, 29 de agosto de 2011
miércoles, 3 de agosto de 2011
Esperanza
Las horas pasaban llevadas por las pequeñitas agujas del reloj de su muñeca, y ella no aparecía. Cada día la esperaba. Y esperaba. Todas las noches a las nueve y media él emprendía su camino en busca de una esperanza que el tiempo no podía haber hecho desaparecer. A las diez de la noche, ya fuese verano, invierno, y ya cayera el diluvio universal, que él nunca se movería de debajo de aquella farola de luz dorada, hasta que no pasara el tiempo que él consideraba de rigor. Parecía mentira cómo por muchos años que pasaran, nunca perdía la ilusión de ese primer día… Sus palabras textuales eran: “No estoy loco, sólo estoy enamorado, y algún día llegará…”
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