domingo, 7 de agosto de 2016

Inestabilidad

El mar silbaba a lo lejos y la luna daba sus últimos aleteos. El rigor de una mañana radiante se veía retrasado por un arduo hechizo de protección. Y mirando al firmamento y a veces al horizonte, sus sentimientos no se volvían más fáciles que minutos antes. La llegada del nuevo día parecía demasiado tolerante como para robarle su lugar a la tenebrosa noche. Un lugar que, de hecho, le correspondía por derecho. Pero sus límites se tornan difusos cuando el caos hace mella, coronándose así una ola de inestabilidad que parece no tener fin. Pero que lo tiene.