Hoy en día es raro conocer a alguien que no tenga Whatsapp,
o Facebook, o todas esas redes sociales que son tan famosas y se están
volviendo tan adictivas e indispensables.
Se llaman redes SOCIALES, pero realmente, ¿estas plataformas
virtuales contribuyen a una mejor relación entre las personas? ¿O por el
contrario corrompen la sociedad?
Por una parte, gracias a ellas es más fácil y cómodo
contactar con personas, y no sólo con tu vecino de al lado, sino con alguien
que viva en la otra parte del mundo. Pero por otra... Las redes sociales nos
hacen cobardes. Nos hacen escondernos detrás de una pantalla para decir cosas
importantes, nos hacen buscar escusas para ignorar verdades. En una
conversación de Whatsapp es muy fácil malinterpretar a la otra persona cuando
nos dice algo, y, ¿dónde queda la curiosidad? Hoy podemos entrar en el Facebook
de alguien y conocer toda su vida, incluso sacar conclusiones (muchas veces no
acertadas) sobre su carácter. Las redes sociales ayudan a etiquetar y a perder
la magia de conocer a alguien realmente. Perdemos interés a veces demasiado
pronto por personas al mantener dos conversaciones por chat, cuando por ahí no
se aprecia en realidad cómo se es.
Resulta irónico que diga todo esto a través de una red
social, pero ¿qué mejor manera de criticar algo que hacerlo desde dentro?
