Hay veces en la vida, en las que por mucho que deseemos
algo, no se nos cumple. Digo veces por no decir casi siempre. Siempre casi,
recordemos que generalizar demasiado es injusto. Como iba diciendo, piensa en
el día de hoy, ¿cuántos deseos has pedido? ¿Cuántas cosas deseas que ocurran y
aún no han pasado? Seguro que al menos ha habido una de ellas. Y es que la vida
sin esperanzas, ambiciones… no tendría mucho sentido. Ahora piensa qué
ocurriría si eso que tanto ansías ocurriera. Por un momento cierra los ojos e
imagina cómo sería tu vida. Vale, ahora imagina cómo sería sin idealizarla, es
decir, qué consecuencias reales traería todo eso, y si en realidad te compensa
o sólo es un capricho pasajero. Supongo que cuando no pasa algo es porque no lo
intentamos con la fuerza necesaria, o como ocurre la mayoría de las veces,
porque no debe pasar. La mini experiencia que puedo tener de la vida, me ha
enseñado que podemos superar desilusiones, y que lo que hoy añoras mañana puede
que sea tan sólo un daño colateral. No es la primera vez que escribo mi
reflexión sobre este tema, pero me parece uno bastante importante y presente en
la vida de todas las personas. Las ilusiones son las que nos mantienen vivos en
cierta manera, y me refiero a “vivos” de verdad. Si no tenemos nada por lo que
luchar, la vida sería triste, y si eso que quieres no se te cumple, tienes
varias opciones: sigue intentándolo; afronta la realidad; o deja que el tiempo
pase.
