lunes, 27 de junio de 2011

Narración breve



   Todo estaba oscuro en aquella noche de invierno. Saqué de mi bolsillo una linterna pequeña para iluminar aquel revoltijo indefinido que se movía. Estaba asustada, y poco a poco fui acercándome a aquel matorral en el que se escondía un ser extraño, desconocido. Muerta de miedo, y a la vez confusa, iluminé el matorral con la pequeña linterna que llevaba siempre por un posible caso de emergencia, y grité tan fuerte que me dolió la garganta. Para mi sorpresa, era solo un par de gatos jugando. Enfadada, sujeté con fuerza el bolso y me dirigí a la parada de autobús. En realidad no supe por qué tenía tanta curiosidad de qué había allí.
   Mientras caminaba rápidamente para no perder el autobús, sonó el teléfono móvil. En el momento en el que fui a sacarlo, pude ver como un chocolate que guardaba en mi bolso se había derretido y manchó todo el contenido de éste. Colgaron. Ya tenía bastante, y por ello, decidí no ir a casa. Mirando el listado de llamadas recibidas descubrí que quien había llamado quería mantener su anonimato, número oculto.
   Entré en la primera cafetería que divisé y pedí un café con un sándwich mixto. Esperando que se acercara el camarero para traer el pedido empecé a releer el menú de puro nervio.
   Cuando por fin llegó el camarero, este me encontró dormida profundamente en el sofá en el que estaba sentada. Con mucho cuidado me despertó y a la reacción inesperada le tiré el café que llevaba en la bandeja y para colmo, toda su ropa se llenó de la bebida que pedí. Muy arrepentida quise ayudarle pero no sabía exactamente cómo, me centré en pedir perdón una y mil veces. Pero todo cambió cuando vi aquellos ojos siniestros, ahora lo que sentía no era culpa, era miedo… Sólo vi esos ojos una vez, bastante para causarme un tremendo terror y recordarlos siempre. Los reconocería en cualquier zona del universo…
   No miré atrás, no pensé en las consecuencias, lo que quería era huir, escapar de esa angustia que me quemaba por dentro. Solo el hecho de recordar me producía un gran dolor en el pecho que me impedía respirar sin dificultad.
   Mientras corría no veía fin en el camino, no sabía dónde iba a llegar a parar, ni cuando dejaría de correr, seguramente cuando mis piernas no me respondieran. Bastaron cinco minutos corriendo para que esta vez, lo que estaba escondido detrás del matorral no fuesen dos gatos jugando, bastaron sólo cinco cortos minutos para dejar de pensar en huir, para caer, bastaron cinco minutos para dejar de respirar…

2 comentarios:

  1. ...traigo
    sangre
    de
    la
    tarde
    herida
    en
    la
    mano
    y
    una
    vela
    de
    mi
    corazón
    para
    invitarte
    y
    darte
    este
    alma
    que
    viene
    para
    compartir
    contigo
    tu
    bello
    blog
    con
    un
    ramillete
    de
    oro
    y
    claveles
    dentro...


    desde mis
    HORAS ROTAS
    Y AULA DE PAZ


    COMPARTIENDO ILUSION
    EMI

    CON saludos de la luna al
    reflejarse en el mar de la
    poesía...




    ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE STAR WARS, CARROS DE FUEGO, MEMORIAS DE AFRICA , CHAPLIN MONOCULO NOMBRE DE LA ROSA, ALBATROS GLADIATOR, ACEBO CUMBRES BORRASCOSAS, ENEMIGO A LAS PUERTAS, CACHORRO, FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER ,CHOCOLATE Y CREPUSCULO 1 Y2.

    José
    Ramón...

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  2. impresionante! no hay palabraas =D!

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