sábado, 7 de enero de 2012

Infancia


                Bastaron dos segundos para reconocer ese dulce aroma. Al pasar por aquel lugar parecía como si se metiese en una máquina del tiempo, y retrocediera 20 años atrás. Se veía a ella, de pequeña, en el regazo de su abuela, escuchando las historias una y otra vez. Pero nunca se cansaba de hacerlo. El olor a vainilla y chocolate le traía el sabor de la típica tarta de los viernes. Podía notar cómo se deshacía el bizcocho en su boca con cada mordisco. Ese lugar era especial. Parecía como si una parte de su infancia se refugiara allí. Pero tan sólo era una casa en la que vivían un par de desconocidos.

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