Todas las ilusiones cayeron unas detrás de otras, amontonándose como si de un muro hecho añicos, derribado por una apisonadora se tratase. Ese muro grande y grueso se convirtió en una prolongación odiosa del suelo, de donde nunca tendrían que haber saltado sus pies. Todos los recuerdos buenos se hicieron a un lado para dejar espacio al lado negativo realista. En ese momento sólo podía ver lo estúpida que había sido. Sentía arcadas y un fuego a la altura del estómago que le dificultaban mantenerse de pié. Pero detrás de todo eso se encontraba una sensación de vacío infinito. Todos los sentimientos que ocupaban su cuerpo no tenían ni comparación con aquél. De hecho, ese era el precursor de todo lo demás.

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