Los minutos pasan, convirtiéndose en horas, y esas horas en
días. El tiempo pasa más rápido de lo que crees, y ocupamos la mayoría haciendo
planes, y pensando qué pasará si… Montando estrategias, mientras la vida se nos
va escapando poquito a poquito. ¿Qué pasaría si dejásemos de barajar esa opción
y actuásemos? Quizás sería la peor decisión de nuestra vida, o puede que nos
aportara una felicidad inmensa. Pero si no lo hacemos, seguiremos
preguntándonos lo mismo una y otra vez. Somos dueños de nuestros actos, a veces
no de nuestros pensamientos, pero debemos encadenar unos a otros para valorar
prioridades, y posibilidades, que aunque nos parezcan una pérdida de tiempo,
puede ser al contrario. Hay gente que dice que no existe el momento perfecto, y
que si lo estás buscando, nunca lo encontrarás. Lo que yo considero es
diferente. Existe ese momento, y se le llama perfecto porque es en el que te
sientes realmente preparado, con las fuerzas e ilusión para hacerlo. Pero no
confundamos con momento perfecto el que todo salga como esperamos. Eso se nos
escapa de las manos. Debemos tener claro que al tomar una decisión, estamos
tomando riesgos, y hay que afrontarlos para vivir. Si nuestros miedos vienen a
acecharnos, hay que saber decir que no nos derribarán, y por muy desilusionados
que estemos, tendremos que mirar hacia delante, y pelear con uñas y dientes,
para conseguir nuestras metas y superarnos a nosotros mismos.

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