"Siempre me sale mejor lo que no planeo"
Después de darle vueltas, he
llegado a conclusiones sobre “hacer planes”. Siempre se dice que las mejores
experiencias son las que no se planean, y en lo que a mí respecta, pienso
exactamente lo mismo. Todo plan conlleva
una subjetividad a escalas estratosféricas, es decir, cada uno al hacer un plan
lo idealiza, y empieza a fantasear con qué pasará, saliéndose de los límites
reales y jugando con la imaginación. ¿Qué ocurre? Que al fantasear con todo lo
maravilloso que podría llegar a ser, creamos expectativas tan altas, que la
mayoría de las veces, no se alcanzan y llegamos con “ganas de más”.
Por otra parte, si
organizamos algo muchísimo antes de que llegue el momento, las probabilidades
de que las circunstancias cambien se disparan, incluyendo la pérdida de interés
con el tiempo y los nuevos acontecimientos que puedan surgir. Aquí siempre
quedarían las personas que quieren llevar a cabo lo planeado sí o sí, que
sufren una profunda desilusión cuando a las demás personas, les ocurren
imprevistos que dificultan la realización de dicho plan.
Por tanto, si en un mismo día
surge algo, es porque en ese mismo momento se tiene ganas de ello, y no va a
pasar el tiempo suficiente como para que se presente algún dichoso obstáculo.
Asimismo, tampoco nos da tiempo a crear numerosas expectativas. Si todo esto lo
mezclamos y agitamos, nos dará el resultado de: “Siempre sale mejor lo que no
planeamos”.
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