jueves, 9 de mayo de 2013

"Siempre me sale mejor lo que no planeo"


    Después de darle vueltas, he llegado a conclusiones sobre “hacer planes”. Siempre se dice que las mejores experiencias son las que no se planean, y en lo que a mí respecta, pienso exactamente lo mismo.  Todo plan conlleva una subjetividad a escalas estratosféricas, es decir, cada uno al hacer un plan lo idealiza, y empieza a fantasear con qué pasará, saliéndose de los límites reales y jugando con la imaginación. ¿Qué ocurre? Que al fantasear con todo lo maravilloso que podría llegar a ser, creamos expectativas tan altas, que la mayoría de las veces, no se alcanzan y llegamos con “ganas de más”.

    Por otra parte, si organizamos algo muchísimo antes de que llegue el momento, las probabilidades de que las circunstancias cambien se disparan, incluyendo la pérdida de interés con el tiempo y los nuevos acontecimientos que puedan surgir. Aquí siempre quedarían las personas que quieren llevar a cabo lo planeado sí o sí, que sufren una profunda desilusión cuando a las demás personas, les ocurren imprevistos que dificultan la realización de dicho plan.

    Por tanto, si en un mismo día surge algo, es porque en ese mismo momento se tiene ganas de ello, y no va a pasar el tiempo suficiente como para que se presente algún dichoso obstáculo. Asimismo, tampoco nos da tiempo a crear numerosas expectativas. Si todo esto lo mezclamos y agitamos, nos dará el resultado de: “Siempre sale mejor lo que no planeamos”.

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