miércoles, 7 de agosto de 2013

Momentos

Estaba sentada en el comedor escribiendo quién sabe qué, mientras sus mejillas se cubrían de lágrimas.

-          - ¿Qué te pasa cielo? – Preguntó su abuela mientras aparecía por la puerta.
-          - Nada, no te preocupes.
-          - Con una sonrisa fingida no vas a arreglar nada amor. ¿Qué te preocupa?

La chica suspiró y se encogió de hombros. Fue lo único que le salía en aquel momento. Su abuela se acercó y se sentó a su lado. Advirtió una sucesión de espirales sin sentido en el dibujo de su nieta, la miró a los ojos y le quitó el bolígrafo.

-          - ¿Sabes qué hago yo cuando estoy confundida y triste?- Preguntó mientras empezaba a dibujar la silueta de una persona.
-          - ¿Qué haces?
-          - Pues, abro mi armario y empiezo a ordenar la ropa. Tiro lo que ya no me sirve o aquello que me trae malos recuerdos. También abro los cajones de mi mesita de noche y esparzo todo su contenido sobre mi cama. Luego voy buscando qué me molesta, qué pañuelo nunca me ha gustado pero sin embargo lo conservo, qué calcetín me aprieta demasiado o demasiado poco. – La mujer seguía dibujando mientras hablaba.
-          - ¿Y todo eso, te ayuda? ¿Qué tiene que ver?
-          - Vacío un poco mi vida de todo aquello que me pueda dar malas sensaciones. ¿Sabes? Siempre he oído que si ordenas tus cosas, también contribuyes a ordenar tu propia vida. Aparte, también puede servir para centrarte en eso y no pensar, no te lo niego.- Dijo entre risas.

La chica miró el dibujo de su abuela ya terminado. Era una mujer joven con una sonrisa amplia.

-          - Gracias abuela.- Dijo mientras la abrazaba.


Aún hoy, cuando miraba aquel dibujo recordaba ese momento, y ya sabía qué era lo que tenía que hacer.

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