Seguí escuchando mi sonido preferido, tu voz, vibrando a través de susurros en mi oído. Mientras, tus dedos índice y corazón daban una leve caricia a mi mejilla. Luego tus labios, cálidos, dulces, completaban los míos, suplicando cariño. Tus brazos con fuerza, rodeando mi espalda caprichosa, celosa de mi boca.Y no, no estaba enamorada. Tú tampoco. No estaba enamorada, pero juraría que eso se parecía mucho al paraíso. Nuestro paraíso.
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