No me prometas poesías y rosas, ni cuentos de eternidad. Prométeme amaneceres. De esos sencillos, que no
necesitan más que la luz entrando por tu ventana. Prefiero que dejes los cumplidos a un lado. No
digo que no sean bienvenidos, tan sólo innecesarios. Demuéstrame hechos, abrazos, saludos y despedidas, y vueltas a saludar. También puedes dejar las dudas a un lado. Si
hay una posibilidad de que salga bien, prométeme que lo harás. Aunque a
decir verdad, promesas tampoco quiero. Promete que no prometerás. Con actuar,
me es más que suficiente.
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