Hay personas que
suspiran por otras personas, que admiten la derrota pero prefieren seguir
pensando que puede hacerse realidad. Hay otras que buscan encuentros
esporádicos una noche en una discoteca. También existen las relaciones de amor
recíproco, esas que aparentemente son perfectas y que en nuestro interior, todos esperamos conseguir algún día, o creemos que es como debe ser. Por otro lado,
tenemos a aquellos que se gustan mutuamente, pero que el orgullo o el pesimismo
y la poca decisión y constancia han acabado con las posibilidades de que terminen
juntos. Otro caso bastante típico es aquél que desea con todas sus fuerzas que su ex vuelva a su vida. También podemos hablar de aquellas personas que prefieren estar solas,
que están en un momento de su vida en el que ni siquiera les apetece algo sin
compromiso, pero que en el fondo, lo que desean es estar con su amor imposible,
aunque ya han aceptado que nunca pasará. Y por último, hay gente que no espera
a nadie, y que deja que el destino le traiga lo que tenga que traer, porque al
fin y al cabo, es una pérdida de tiempo aferrarte a lo que no tienes. Aunque a lo largo de nuestra vida, cada uno de
nosotros puede verse en el rol de todas esas personas de las que hablo, y
seguro, que hay muchos casos más.
domingo, 29 de septiembre de 2013
martes, 10 de septiembre de 2013
Pues oye...
Me parece bastante frustrante
cuando alguien me cae mal y ni siquiera he tenido el placer/pena de
conocerlo/a. Sí, por alguna razón extraña y egoísta hay gente que no me inspira
confianza y algún atisbo de rencor mora en mi estómago cuando noto su presencia.
Quizás este motivo esté relacionado con algo de mi subconsciente y no lo sé, o
puede que sí que sepa la razón, pero sea una tan remotamente estúpida que
decido no buscarle coherencia y seguir odiando. La gracia es que algunas veces no
me equivoco, y exactamente, cuando conozco a la persona me cae mal, o peor de
lo que pensaba que me iba a caer. Otras, me equivoco. Al fin y al cabo, la intuición
es libre y tiene vida propia, y si decide que tú me vas a caer mal, pues oye,
tendré que vivir con ello. Igual hasta tiene razón.
domingo, 8 de septiembre de 2013
Añorar
Añorar. Recordar un momento del
pasado y querer revivirlo. Añorar sirve para refrescarnos la
memoria y darse cuenta que fuimos felices en otra época de nuestras vidas. Que
fuimos muy felices, y quizás en ese momento, no lo valoramos. Pero por ello no
hay necesidad de volver atrás. Añorar sólo debe servir para recordarte que hay
que seguir adelante, que por mucho tiempo que pase, siempre hay momentos
buenos. Momentos de risas con amigos, momentos en los que jugabas con tus
muñecos de pequeño, o salías a montar en bici. Momentos de Navidad con la
familia reunida, la primera vez que sentiste atracción por alguien, o el primer
día de colegio. Añorar no se puede convertir en una forma de vida. De esa
manera, nos quedaríamos estancados en un pasado que ya nunca se repetirá.
Cuando la melancolía llame a nuestras puertas hay que dejarla pasar, tomarse un
café con ella, y amablemente, invitarla a salir de casa. Estancarse no es una
forma de vivir, sino de intentar revivir algo que no sucederá. Si el recuerdo
es doloroso piensa qué puedes sacar de él para aprender la lección.
miércoles, 7 de agosto de 2013
Momentos
Estaba
sentada en el comedor escribiendo quién sabe qué, mientras sus mejillas se
cubrían de lágrimas.
- - ¿Qué
te pasa cielo? – Preguntó su abuela mientras aparecía por la puerta.
- - Nada,
no te preocupes.
- - Con
una sonrisa fingida no vas a arreglar nada amor. ¿Qué te preocupa?
La
chica suspiró y se encogió de hombros. Fue lo único que le salía en aquel
momento. Su abuela se acercó y se sentó a su lado. Advirtió una sucesión de
espirales sin sentido en el dibujo de su nieta, la miró a los ojos y le quitó
el bolígrafo.
- - ¿Sabes
qué hago yo cuando estoy confundida y triste?- Preguntó mientras empezaba a
dibujar la silueta de una persona.
- - ¿Qué
haces?
- - Pues,
abro mi armario y empiezo a ordenar la ropa. Tiro lo que ya no me sirve o
aquello que me trae malos recuerdos. También abro los cajones de mi mesita de
noche y esparzo todo su contenido sobre mi cama. Luego voy buscando qué me
molesta, qué pañuelo nunca me ha gustado pero sin embargo lo conservo, qué
calcetín me aprieta demasiado o demasiado poco. – La mujer seguía dibujando
mientras hablaba.
- - ¿Y
todo eso, te ayuda? ¿Qué tiene que ver?
- - Vacío
un poco mi vida de todo aquello que me pueda dar malas sensaciones. ¿Sabes?
Siempre he oído que si ordenas tus cosas, también contribuyes a ordenar tu
propia vida. Aparte, también puede servir para centrarte en eso y no pensar, no
te lo niego.- Dijo entre risas.
La
chica miró el dibujo de su abuela ya terminado. Era una mujer joven con una
sonrisa amplia.
- - Gracias
abuela.- Dijo mientras la abrazaba.
Aún
hoy, cuando miraba aquel dibujo recordaba ese momento, y ya sabía qué era lo que
tenía que hacer.
lunes, 1 de julio de 2013
Deseos
Hay veces en la vida, en las que por mucho que deseemos
algo, no se nos cumple. Digo veces por no decir casi siempre. Siempre casi,
recordemos que generalizar demasiado es injusto. Como iba diciendo, piensa en
el día de hoy, ¿cuántos deseos has pedido? ¿Cuántas cosas deseas que ocurran y
aún no han pasado? Seguro que al menos ha habido una de ellas. Y es que la vida
sin esperanzas, ambiciones… no tendría mucho sentido. Ahora piensa qué
ocurriría si eso que tanto ansías ocurriera. Por un momento cierra los ojos e
imagina cómo sería tu vida. Vale, ahora imagina cómo sería sin idealizarla, es
decir, qué consecuencias reales traería todo eso, y si en realidad te compensa
o sólo es un capricho pasajero. Supongo que cuando no pasa algo es porque no lo
intentamos con la fuerza necesaria, o como ocurre la mayoría de las veces,
porque no debe pasar. La mini experiencia que puedo tener de la vida, me ha
enseñado que podemos superar desilusiones, y que lo que hoy añoras mañana puede
que sea tan sólo un daño colateral. No es la primera vez que escribo mi
reflexión sobre este tema, pero me parece uno bastante importante y presente en
la vida de todas las personas. Las ilusiones son las que nos mantienen vivos en
cierta manera, y me refiero a “vivos” de verdad. Si no tenemos nada por lo que
luchar, la vida sería triste, y si eso que quieres no se te cumple, tienes
varias opciones: sigue intentándolo; afronta la realidad; o deja que el tiempo
pase.
martes, 11 de junio de 2013
Héroes
Nos creímos héroes por un instante. Capitanes de nuestro
mundo y dueños de nuestra vida. Creímos tener el poder de brillar sin luz,
saltar mares y correr hacia la eternidad.
De tu mano todo parecía fácil, verosímil. Me podrías llevar
a cualquier lugar de este mundo y no tendría miedo. Me hacías fuerte y a la vez
débil. Saciabas mi sed, tenías ese poder.
domingo, 26 de mayo de 2013
Nuestro amigo el destino y la pérdida de oportunidades
No nacimos con una guía de instrucciones que nos dijera qué
hacer en ese momento, simplemente nos dieron un sentido común y un cerebro poco
entrenado. Nadie nos dio una lista con los pros y los contras, ni siquiera un
lector de mentes. Por eso no nos deberíamos culpar por tomar decisiones
equivocadas o por no tomarlas. Lo que sí nos dieron es la creencia de un
supuesto “destino”, que ya ha hecho todos los planes por ti, y tú tan sólo eres
una marioneta que mueve a su antojo.
El destino siempre está ahí para tener la culpa de todo o
para dar un atisbo de esperanza. Para pensar que las casualidades son
causalidades y no perder las ilusiones que van invadiendo nuestra mente poco a
poco. El destino suele estar aliado con el universo, y los dos se ponen de
acuerdo para poner nuestro mundo de cabeza, y sacar obstáculos de donde no los
hay.
Quizás le echamos la culpa a estos dos amigos porque no somos
capaces de ver lo cobardes que solemos ser. Puede que la culpa sea nuestra por
estar siempre esperando nuevas oportunidades. Por ser lo suficientemente
estúpidos como para no saltar a la piscina cuando se nos presenta la ocasión.
El destino puede ser simplemente nuestro cerebro mal entrenado que nos engaña, para
creer que somos incapaces de cambiar las cosas nosotros mismos, y que no
necesitamos de algo externo que determine lo que va a pasar.
Se supone que nos mandaron aquí de una patada para vivir, y
vivir significa equivocarse, pero también acertar. Si nos arriesgamos, ¿quién
nos dice que siempre vamos a fracasar?
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