Somos raros por naturaleza. Imperfectos, odiosos y estúpidos. Todos por igual, de una forma u otra. Tenemos celos, tenemos rabia y dolor. Seguimos lo imposible y evitamos lo posible. Le damos la vuelta a lo probable y entonces es cuando queremos tenerlo. Somos absurdos y no lo queremos ver, sólo lo vemos cuando lo son los demás. Tenemos sentimientos indescriptibles y extraños. Nuevos alguna vez. No sabemos exactamente como tratar al del al lado, aunque a veces ni nos preocupamos por ello. El egoísmo reina en nuestros días. Nos importa lo que no deberíamos ni tener en cuenta, y lo más importante lo dejamos a un lado, aún teniéndolo ante nuestros metafóricamente ciegos ojos. Y es en momentos como estos, en los que desnudas a la sociedad, y te encuentras con una careta del tamaño del globo terráqueo, que se divide en miles y millones de caretas pequeñas. Y pensar que seamos como seamos, seguiremos siendo lo mismo que tú. Imperfecto por naturaleza. Y siempre, siempre, querremos más.

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