Siempre dijo que no. No a todo, parecía su única respuesta aprendida. A veces me recordaba a uno de estos extranjeros recién llegados de su país. No, no, no. Y es algo que yo debía aprender. Anteponer un no a un sí. Que nos nieguen puede llegar a ser una de las cosas más tristes, pero tan sólo momentáneamente. El problema está en el sí, más peligroso aún si cabe. El sí implica muchas responsabilidades, obligaciones que vas a tener que cumplir, porque una vez que lo utilizas, agarrarse al no ya es más difícil. El no es más tajante que el nunca, y que el jamás. El sí es más fácil de decir, pero infinitamente difícil de cumplir. No antepongas un sí a un no. Al fin y al cabo, la empatía brilla por su ausencia últimamente. Haz lo que realmente te apetezca. Si cumples con los demás, quizás hagas feliz al otro por el momento, pero ese sí, te puede hacer desgraciado por el resto de tus días, y en consecuencia, también estarás dañando a la gente a la que realmente le importas.

Es curioso lo difícil que se nos puede hacer decir un no aun a sabiendas de que realmente va a ser lo mejor para nosotros. Quizá haya que anteponer el yo siempre aunque resulte complicado.
ResponderEliminarUn saludete
Exacto, tendremos que mirar más por nosotros. Más vale un no a tiempo, aunque sea difícil de decir...
ResponderEliminarUn saludo!