martes, 11 de junio de 2013

Héroes


    Nos creímos héroes por un instante. Capitanes de nuestro mundo y dueños de nuestra vida. Creímos tener el poder de brillar sin luz, saltar mares y correr hacia la eternidad.

    De tu mano todo parecía fácil, verosímil. Me podrías llevar a cualquier lugar de este mundo y no tendría miedo. Me hacías fuerte y a la vez débil. Saciabas mi sed, tenías ese poder.

domingo, 26 de mayo de 2013

Nuestro amigo el destino y la pérdida de oportunidades

   


  No nacimos con una guía de instrucciones que nos dijera qué hacer en ese momento, simplemente nos dieron un sentido común y un cerebro poco entrenado. Nadie nos dio una lista con los pros y los contras, ni siquiera un lector de mentes. Por eso no nos deberíamos culpar por tomar decisiones equivocadas o por no tomarlas. Lo que sí nos dieron es la creencia de un supuesto “destino”, que ya ha hecho todos los planes por ti, y tú tan sólo eres una marioneta que mueve a su antojo.
    El destino siempre está ahí para tener la culpa de todo o para dar un atisbo de esperanza. Para pensar que las casualidades son causalidades y no perder las ilusiones que van invadiendo nuestra mente poco a poco. El destino suele estar aliado con el universo, y los dos se ponen de acuerdo para poner nuestro mundo de cabeza, y sacar obstáculos de donde no los hay.
    Quizás le echamos la culpa a estos dos amigos porque no somos capaces de ver lo cobardes que solemos ser. Puede que la culpa sea nuestra por estar siempre esperando nuevas oportunidades. Por ser lo suficientemente estúpidos como para no saltar a la piscina cuando se nos presenta la ocasión. El destino puede ser simplemente nuestro cerebro mal entrenado que nos engaña, para creer que somos incapaces de cambiar las cosas nosotros mismos, y que no necesitamos de algo externo que determine lo que va a pasar.

    Se supone que nos mandaron aquí de una patada para vivir, y vivir significa equivocarse, pero también acertar. Si nos arriesgamos, ¿quién nos dice que siempre vamos a fracasar? 

jueves, 9 de mayo de 2013

"Siempre me sale mejor lo que no planeo"


    Después de darle vueltas, he llegado a conclusiones sobre “hacer planes”. Siempre se dice que las mejores experiencias son las que no se planean, y en lo que a mí respecta, pienso exactamente lo mismo.  Todo plan conlleva una subjetividad a escalas estratosféricas, es decir, cada uno al hacer un plan lo idealiza, y empieza a fantasear con qué pasará, saliéndose de los límites reales y jugando con la imaginación. ¿Qué ocurre? Que al fantasear con todo lo maravilloso que podría llegar a ser, creamos expectativas tan altas, que la mayoría de las veces, no se alcanzan y llegamos con “ganas de más”.

    Por otra parte, si organizamos algo muchísimo antes de que llegue el momento, las probabilidades de que las circunstancias cambien se disparan, incluyendo la pérdida de interés con el tiempo y los nuevos acontecimientos que puedan surgir. Aquí siempre quedarían las personas que quieren llevar a cabo lo planeado sí o sí, que sufren una profunda desilusión cuando a las demás personas, les ocurren imprevistos que dificultan la realización de dicho plan.

    Por tanto, si en un mismo día surge algo, es porque en ese mismo momento se tiene ganas de ello, y no va a pasar el tiempo suficiente como para que se presente algún dichoso obstáculo. Asimismo, tampoco nos da tiempo a crear numerosas expectativas. Si todo esto lo mezclamos y agitamos, nos dará el resultado de: “Siempre sale mejor lo que no planeamos”.

sábado, 27 de abril de 2013

Fuerzas invisibles



Estaba allí parada. Incapaz de actuar, atada de pies y manos. Las ganas de decirle la verdad aumentaban, y a su vez, la imposibilidad de poder hacerlo. Había una fuerza exterior a ella que no le dejaba avanzar. Sentía como si un muro invisible determinara el espacio infinito entre ellos. Tan cerca, pero tan lejos.

sábado, 24 de noviembre de 2012

En un bar

       Reía, y bajo la pálida luz, resaltaba su maravillosa sonrisa. Yo lo miraba, y estaba atenta a su discurso. Me contaba aquello con la ilusión de un niño en los ojos, y mientras, daba sorbitos a su cerveza. Me sentía genial. Su presencia me inspiraba confianza y calidez, nunca había sentido eso con nadie. Es como si estuviese en otro lugar, flotando en las nubes quizá, y como si sólo estuviésemos él y yo, en ese bar bohemio y ruidoso. Un grupo de música local hacía un tributo a los Beatles, y se escuchaba de fondo la voz fina del vocalista, y el sonido de la maravillosa guitarra eléctrica. Pero nada me podía apartar la vista de sus ojos color caramelo, y su pelo castaño despeinado. 

lunes, 29 de octubre de 2012

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Quiero que me mires a los ojos, que me hables con tus besos. Quiero arrepentirme de sentirte, y engancharme a ti de nuevo. Quiero encadenarme a tu sonrisa, vivir en tus caricias. Secuestrarte en mis canciones, recordarte cada día.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

No pierdas el tiempo, inviértelo.


 
Los minutos pasan, convirtiéndose en horas, y esas horas en días. El tiempo pasa más rápido de lo que crees, y ocupamos la mayoría haciendo planes, y pensando qué pasará si… Montando estrategias, mientras la vida se nos va escapando poquito a poquito. ¿Qué pasaría si dejásemos de barajar esa opción y actuásemos? Quizás sería la peor decisión de nuestra vida, o puede que nos aportara una felicidad inmensa. Pero si no lo hacemos, seguiremos preguntándonos lo mismo una y otra vez. Somos dueños de nuestros actos, a veces no de nuestros pensamientos, pero debemos encadenar unos a otros para valorar prioridades, y posibilidades, que aunque nos parezcan una pérdida de tiempo, puede ser al contrario. Hay gente que dice que no existe el momento perfecto, y que si lo estás buscando, nunca lo encontrarás. Lo que yo considero es diferente. Existe ese momento, y se le llama perfecto porque es en el que te sientes realmente preparado, con las fuerzas e ilusión para hacerlo. Pero no confundamos con momento perfecto el que todo salga como esperamos. Eso se nos escapa de las manos. Debemos tener claro que al tomar una decisión, estamos tomando riesgos, y hay que afrontarlos para vivir. Si nuestros miedos vienen a acecharnos, hay que saber decir que no nos derribarán, y por muy desilusionados que estemos, tendremos que mirar hacia delante, y pelear con uñas y dientes, para conseguir nuestras metas y superarnos a nosotros mismos.